Hola Roberto y equipo... 
Queríamos compartir lo que hemos tenido la suerte vivir hace unos meses.


Domingo de Pascua,  08-04-2007

                                                               


   Esa mañana habíamos tenido suerte. Se podían ver aletas en el mar, por lo que nos arrimamos a la playa a ver que pasaba. El imponente Mel estaba patrullando y a unos 100 metros de donde estábamos, encaro la playa. No podíamos ver si había capturado un cachorro de lobo marino, pero la presencia delatora de gaviotas revoloteando nerviosamente a ras del agua nos indicaban que este había tenido éxito. El día no podía empezar mejor.

 

                                             

 

                                             
   A la tarde, Juan Copello nos llevo a la zona del faro de Punta Norte, y nos apostamos a unos 50 mts. De una pequeña colonia de lobos. Nuestros pequeños hijos, veteranos en estas lides, miraban hacia el mar, atentos a cualquier sombra o movimiento. Al rato, nomás, la inconfundible aleta de Mel nos avisaba que seguía en el “barrio”. Paso a nuestra altura primero panza arriba, acercándose a los lobos, y luego, mostrando su aleta dorsal torcida. Siguió rumbo al Oeste, paralelo a la playa, y desde la altura del faro podíamos verlo aproximarse a otro grupo de lobos, a unos 2000 mts de donde estábamos.
Allí, divisó a una madre con su cachorro, este ultimo sobre el lomo de ella, los cuales nadaban sobre la rompiente, desprendiéndose de ese grupo hacia el grupo más cercano a nosotros. Mel, pacientemente los siguió, mostrándose de vez en cuando. La loba y su cachorro pasaron delante del grupo de lobos y fue allí donde el acoso al que se veían sometidos hizo efecto. La loba se dio vuelta para encontrarse con Mel, a escasos metros. Este se fue acercando y finalmente la loba salio para un lado y el cachorro para el otro. En ese momento, un par de coletazos lo impulsaron, y tomo al cachorro entre sus dientes, mientras con el envión se varaba de costado, justo delante nuestro. Nuestros hijos, de 7, 4 y 2 años, miraban maravillados a esta criatura salvaje, quien nos regalaba su presencia en esta espectacular forma de procurar su alimento. El ver “salir” del mar a un animal enorme, en un movimiento calculado, sin dudas es algo que los ha marcado, tanto a ellos como a nosotros, sus padres, para siempre.

                                                 

 

                                        


      Tenemos la certeza que como familia, iremos a Punta Norte todas las veces que esto sea posible, a “plantarnos” en la playa, con lluvia, frío, calor y casi siempre, viento, mirar hacia el mar con la esperanza de poder ver este regalo de la naturaleza, en su ambiente, la costa de la Patagonia Argentina.
Poder compartir un rato de nuestra vida con pingüinos, lobos y elefantes marinos, orcas, gaviotas, petreles, peludos, zorros, guanacos, introduciéndonos en su ámbito y siempre respetándolos es la enseñanza más importante que les hemos podido dar a los chicos.

                                                 

 

                                        

 

                                                

                                        
Estamos seguros que ellos sabrán también enseñar esto a sus amigos, y luego hijos y nietos.
     Te agradecemos que nos des este espacio para poder compartir nuestro momento “Nacional Geographic”.
Un abrazo
Jorge y Vicky Cazenave
 

                                              

Texto y fotos de Jorge y Vicky Cazenave Copyright 2007

 

 

   Gracias a vos Jorge y  familia por compartir estos momentos tan lindos y llenos de libertad, y bienvenidos al equipo del Proyecto Fotográfico Libertad, es un honor tener su historia y sus emociones aquí, "gracias..."

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